Es un milagro haber sobrevivido: Bombero mordido por cascabel
Detalles Publicado el Miercoles 20 de Junio de 2018, Escrito por Francisco Espinoza / El Diario

Nogales, Son


Sufrir la mordedura de una víbora de cascabel y vivir para contarlo, es un verdadero milagro y por ello, Héctor Álvarez Camacho agradece a quien todo lo puede, haber pasado este cáliz amargo y recuperado su salud.


Con más de 28 años como bombero y paramédico voluntario en la corporación “Gustavo L. Manríquez”, el contador público de profesión, nativo de la Ciudad de México, está de vuelta a su trabajo y también a su pasión: servir a Nogales como tragahumos.


Hace más de un mes durante una práctica e instrucción en el combate a los incendios forestales al poniente de esta frontera, fue mordido por una víbora de cascabel y trasladado al hospital del Isssteson, en donde después de aplicarle el suero anticrotálico y estabilizarlo, fue enviado a Hermosillo.


Durante su trabajo habitual en la sub estación de bomberos local, muestra las secuelas dejadas en el brazo y la mano izquierda, de las manchas provocadas por el veneno y parte la inflamación todavía no desaparece.


Después de un diagnóstico alarmante de parte de los médicos, por posibles daños en la extremidad, la afectación en órganos vitales internos e inclusive la muerte, ninguno de los escenarios descritos se presentaron a sus 52 años.


“Por eso, es un milagro, es una oportunidad de vida. Creo que todavía tengo algo pendiente por hacer”, sostiene, “porque pese al problema que tuve al morderme una víbora de cascabel, logramos superar todos los pronósticos”.


La oportuna intervención de sus compañeros bomberos participantes en la práctica el día del incidente, trasladándolo en menos siete minutos al hospital, fue una acción fundamental para contener el veneno en su torrente sanguíneo.


Incorporación a los bomberos locales


Interesado en el servicio a la comunidad, después de tomar los cursos y la capacitación inicial, en 1990 en la Ciudad de México se incorpora como bombero voluntario.


Posteriormente se hace paramédico y sirve como socorrista en la benemérita institución de la Cruz Roja en la capital del país, antes de llegar a esta frontera como servidor público federal.


En Nogales trabajó como parte del Instituto de Administración y Avalúos de Bienes Nacionales (Indaabin) en el 2002 y para el año 2008, se inscribió en la academia de los bomberos “Gustavo L. Manríquez”.


Egresó como bombero de línea y desde esa fecha, forma parte del grupo de voluntarios de los tragahumos de esta frontera, asignado en estos momentos a la sub estación del fraccionamiento La Mesa.


Al desempeñarse como contador en una empresa de seguridad industrial, recuerda, le nació el interés por la protección y el servicio, incorporándose a las labores de la cuadrilla interna de bomberos de la compañía.


Ya como voluntario profesional en su tierra natal y en varias entidades de la República, así como en esta frontera le ha tocado participar en el control de incendios forestales, estructurales, atención en accidentes, control de enjambres y hasta bajar gatitos de los árboles.


“Hemos atendido incendios en el monte, de casa habitación, fugas de gas”, refiere, “atrapar animales salvajes, como el oso que asustó a la gente de La Solidaridad, diferentes cosas, todo el trabajo que hace un bombero”.


Una experiencia muy dolorosa


Al recordar el incidente en donde resultó socorrido, en lugar de su trabajo normal de socorrer, Álvarez Camacho no oculta lo desagradable, dolorosa y desesperante que resultó para él, su familia, sus hijos y compañeros de trabajo, esta amarga experiencia.


“Cuando llegué al hospital en Hermosillo”, relata, “los doctores me decían que podría perder sensibilidad en el brazo por alguna operación; la segunda opción era la amputación de la extremidad y la tercera, era que no saliera del hospital por daño en algún órgano como riñones, hígado, encimas cardiacas o en pulmones, que por fortuna, ninguna se presentó”.


Ninguna de las tres opciones se presentaron y después de varios meses de una muy lenta recuperación, expresa, poco a poco ha salido adelante e incorporándose a sus atrabajo y a su vocación.


“Fue una experiencia muy dolorosa, demasiado. Duele mucho la mordedura de una víbora”, admite, “con una incapacidad de mover la mano y afortunadamente no quedó ninguna secuela en el brazo”.


Las ámpulas surgidas en el brazo después de la mordedura desaparecieron, pero dejaron su huella, unas manchas en la piel a manera de recordatorio, del peligro al cual están expuestos los voluntarios del cuerpo de bomberos.

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