Ataque en Phoenix deja repartidor en estado crítico y una misteriosa frase en una botella vacía

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La noche se cerró como tantas otras en el centro de Phoenix: con gritos ahogados por el eco de las sirenas y un silencio que no se rompió hasta que los forenses levantaron las cintas amarillas. Nadie vio quién lo hizo. Nadie quiso hablar. Pero los testigos, los que sí se acercaron antes de que la policía limpiara todo, juran que el hombre caído no gritó; solo se desplomó, como si el cuerpo ya supiera antes que la mente qué era lo que venía