La policía llegó en menos de siete minutos. Eric Gutierrez, de 32 años, yacía junto a su camioneta, con una herida en el pecho que no dejó margen para la esperanza. No había armas cerca. No testigos directos. Solo una huella de neumáticos en el asfalto agrietado, y una bolsa de dulces abandonada en la banqueta —la marca, una de esas que se venden en las tienditas de barrio, con el logo desgastado por el sol.
Los días siguientes fueron un rompecabezas sin piezas claras. Cámaras de seguridad en gasolineras cercanas captaron una camioneta negra, sin placas visibles, alejándose a alta velocidad. Nadie la reconoció. Hasta que, el viernes, la fiscalía anunció tres nombres: Nelvin Neptali Romero Alonzo, de 33; Kevin Josue Juarez Rivas, de 20; y Carlos Enrique Perez-Rodas, de 29. Todos con antecedentes menores, pero ninguno con historial de violencia extrema. Uno había sido detenido por posesión de armas en 2022. Otro, por alteración del orden en una fiesta en el sur de la ciudad. El tercero, apenas salía de un programa de reinserción tras cumplir por robo con violencia.
La versión oficial aún no explica por qué. Ni qué los llevó hasta ese cruce. Pero fuentes cercanas a la investigación revelan que Gutierrez había estado involucrado en una disputa sobre una deuda pendiente desde hace meses —una de esas que se pagan en efectivo, en silencio, entre personas que ya no se hablan por teléfono, pero sí se buscan con los ojos.
En la casa de Gutierrez, en un fraccionamiento de casas pequeñas con bardas de concreto, los vecinos recuerdan que últimamente no lo veían salir. Que siempre andaba con el celular pegado a la oreja, como si hablara con alguien que no estaba ahí. Que el viernes antes de morir, compró dos cervezas en la tienda de la esquina y dijo, con una sonrisa que no llegaba a los ojos: “Hoy me toca cerrar cuentas.”
Las grabaciones de su celular, aún en análisis, podrían revelar llamadas perdidas, mensajes borrados, o una conversación que nunca se completó. En la cárcel, los tres sospechosos guardan silencio. Ninguno ha pedido un abogado. Ninguno ha pedido comida. Solo miran hacia la pared, como si el tiempo también los hubiera abandonado.