Según testigos, tres hombres que no estaban en la lista de invitados entraron sin pedir permiso, exigieron bebidas y comenzaron a provocar a los anfitriones. Uno de ellos, Devin Peek, de 19 años, según la policía, fue el primero en levantar la voz. Luego, las manos. Luego, el cuchillo.
El herido —un asistente cuya identidad aún no ha sido revelada— fue trasladado al hospital con una herida en el costado. No fue mortal. Pero sí suficiente para que la fiesta se convirtiera en escena de crimen. Los vecinos, despertados por los gritos, llamaron al 911 antes de que terminara el primer coro de la canción que sonaba en el patio.
En el caos, un hombre fue esposado frente a la puerta principal. No era el dueño de la casa. Tampoco el herido. Era el que había empezado todo. “No venimos a divertirnos, venimos a cobrar lo que nos deben”, le dijo uno de los involucrados a un agente, según grabaciones de audio filtradas a la policía.
Peek fue llevado bajo custodia con heridas leves en la cabeza —posiblemente producto de un golpe con una botella— y enfrenta cargos por conducta desordenada, amenazas y allanamiento de morada. La policía insiste: no hay otros sospechosos activos. Pero entre los invitados, circulan nombres. Algunos dicen que el herido tenía pasado en pandillas. Otros, que llevaba una mochila extraña desde el inicio.
La casa, una construcción de dos plantas en la esquina de Dobson y Baseline, ya tiene una cuerda amarilla de evidencia atravesando el jardín. En el suelo, entre los vasos rotos y las colillas, aún se encuentra un pequeño cuchillo de cocina, con manchas oscuras que aún no han sido analizadas.
Los dueños, una pareja de 27 años que organizó la fiesta para celebrar el cumpleaños de ella, han guardado silencio. Sus redes sociales, hasta ayer llenas de memes y fotos de los preparativos, están en privado. Solo una publicación antigua sigue visible: “No traigan a nadie que no conozcamos. En serio.”