A solo una hora de distancia, en una comunidad cerrada de Scottsdale, entre Bell Road y Thompson Peak Parkway, otro escenario se desplegó. Una fiesta con decoraciones de calabazas y linternas de papel iluminaba el jardín cuando un grito se alzó entre los invitados. Un menor, vestido como un superhéroe, fue encontrado con una herida por bala. Los testigos hablan de confusión, de gente corriendo, de alguien que salió por la puerta trasera sin decir una palabra. La policía recopiló testimonios, revisó cámaras, pero hasta el amanecer, nada de lo que vieron se convertía en una identidad.
Lo que nadie mencionó en los primeros reportes fue que ambos lugares —la fiesta en Phoenix y la de Scottsdale— habían sido promovidas en redes sociales bajo el mismo hashtag: #HalloweenValley2025. Un evento no oficial, organizado por influencers locales, con entradas gratuitas y un código de vestimenta que exigía “lo más extremo que puedas imaginar”. Las fiestas no estaban en locales registrados. No había seguridad contratada. Solo puertas abiertas, cerveza en cubetas y una confianza ciega en la multitud.
En el este del valle, mientras tanto, en Mesa, otra fiesta terminó con un puñal clavado en el costado de un joven de 22 años. No hubo disparos. No hubo multitudes. Solo un desacuerdo que se volvió irreversible. Las autoridades aún no han revelado si existe conexión entre los tres incidentes, pero los investigadores confirman: todos ocurrieron dentro de un radio de 18 kilómetros, entre las 11:20 p.m. y la 1:15 a.m.
Las cámaras de seguridad de las calles cercanas captaron siluetas corriendo, autos arrancando en marcha atrás, y una bolsa negra abandonada frente a una casa en Scottsdale. Dentro, según fuentes policiales, había un arma de fuego sin serial, dos cartuchos vacíos, y un iPhone con la pantalla rota —el último mensaje enviado antes de apagarse decía: “Ya no hay vuelta atrás”.
En las redes, los videos que circulan muestran a jóvenes bailando segundos antes de que todo se desmoronara. Algunos dicen que escucharon gritos, otros juran que vieron un arma. Nadie quiere ser el primero en hablar. La policía pide ayuda: “Si estuviste ahí, y no dijiste nada, no eres inocente. Eres testigo”. Las líneas de Silent Witness ya registran más de 300 llamadas. La mayoría, anónimas. La mayoría, con miedo.