Las cámaras de seguridad del complejo, según fuentes cercanas a la investigación, captaron apenas unos segundos antes del incidente: una figura con gorra y pantalón oscuro caminando con prisa, sin mirar atrás. Nadie lo reconoció. Tampoco nadie vio quién lo recibió dentro del departamento 312.
La víctima, identificada como Javier Mendoza, de 27 años, fue trasladada en estado crítico al University Medical Center. Los médicos confirmaron que sufrió tres heridas profundas en el tórax y el brazo izquierdo, una de ellas cerca de la arteria subclavia. Su condición sigue siendo inestable.
La policía no ha liberado nombres de sospechosos, pero sí una pista que ha generado más preguntas que respuestas: “La víctima tenía una reunión programada esa noche con una persona que no aparece en sus contactos”, dijo una fuente anónima dentro del departamento. Esa persona, según el registro de llamadas del celular de Mendoza, lo contactó por última vez a las 22:17, con un mensaje que decía: “No vengas solo”.
Lo curioso no es solo el ataque, sino el contexto. Javier era un exfuncionario de la Secretaría de Desarrollo Urbano que, hace tres semanas, presentó una denuncia formal contra un grupo de contratistas vinculados a la reconstrucción de viviendas en el sur de Tucson. La denuncia, aún bajo resguardo judicial, señalaba desvío de fondos y uso de materiales no certificados en proyectos financiados con recursos federales.
El complejo donde ocurrió el hecho, construido en 2022 bajo un programa de vivienda social, ha sido objeto de quejas recurrentes: techos que gotean, puertas que no cierran, y una seguridad que solo patrulla dos veces por semana. Pero ahora, la atención se ha desplazado a un detalle más sutil: el departamento 312, donde vivía una mujer que trabajaba en la misma oficina que Javier… y que desapareció el martes pasado sin dejar rastro.
Las autoridades no han confirmado relación entre ambos, pero sí han intensificado las revisiones en los expedientes de los contratistas involucrados. Al menos tres nombres han sido retirados de los registros públicos en las últimas 48 horas.
En la puerta del edificio, alguien dejó una bolsa de papel con dos tazas de café—una con azúcar, como le gustaba a Javier. La otra, sin tocar.