Vecinos que salieron a ver qué pasaba encontraron a una persona tendida junto a la escalera del edificio C, con manchas oscuras extendiéndose como tinta sobre el concreto. Nadie supo quién era al principio. Solo que no se movía. Alguien llamó al 911. Otro, trató de detener la hemorragia con una camiseta. La ambulancia tardó siete minutos. El tiempo, en esos casos, no es solo un reloj: es una cuenta regresiva.
La Policía de Tucson confirmó que el incidente ocurrió dentro de un complejo residencial donde viven más de 200 familias. Las cámaras de seguridad del estacionamiento están siendo revisadas. Las puertas de los departamentos, aún selladas con cinta amarilla, guardan más preguntas que respuestas. Según fuentes cercanas a la investigación, “no hubo pelea previa reportada, ni llamadas de ruido excesivo”.
Entre los detalles que no se han hecho públicos:
En la esquina del supermercado de la calle, donde se venden tacos al pastor y refrescos de naranja, el dueño recuerda que Juan Carlos solía pasar cada tarde a las 6:15. Siempre pedía dos tacos, uno para él, otro para su hermana, que vivía en Phoenix. Ese día, no pasó. Ni el siguiente. Ni el de hoy.