De acuerdo con datos recién publicados por la Oficina de Seguridad Vial del Gobernador, el total de detenciones por conducción bajo los efectos del alcohol alcanzó los 221 casos, tanto de agravios como de delitos menores. Entre ellos, 50 se catalogaron como “DUI extremo” –un nivel de alcohol en sangre de 0.15 o más, casi el doble del límite legal de 0.08– lo que indica la gravedad de la situación.
La operación, que se llevó a cabo del jueves al sábado, fue parte de una campaña estatal de “Lunes Sober” que busca frenar la cultura de beber y conducir. “El número de detenidos este fin de semana superó cualquier expectativa que teníamos”, comentó el jefe de policía del distrito de Phoenix, quien mantuvo su identidad en el anonimato por razones de seguridad.
Los agentes, distribuidos en más de 50 patrullas de carretera y 100 unidades de patrulla urbana, señalaron que la mayoría de los incidentes ocurrieron en los tramos de la I‑10 y la I‑17, donde la velocidad y el tráfico combinan para crear los escenarios más riesgosos. “Muchas personas creen que pueden manejar bajo la influencia con un solo trago, pero la realidad es otra”, añadió el oficial.
Los conductores detenidos fueron sometidos a pruebas de alcoholemia y, en la mayoría de los casos, recibieron multas, la suspensión de licencias y la obligación de asistir a programas de educación vial. En los 50 casos de DUI extremo, se ordenó la retirada inmediata de la licencia y la entrega de la unidad de transporte a las autoridades.
La campaña de la noche de Halloween ha dejado en claro que la presión policial no es solo una cuestión de cumplimiento de la ley, sino también de prevención. Se espera que los efectos de esta operación se sientan en las estadísticas de accidentes viales en los meses próximos, con la intención de salvaguardar la vida de los usuarios de las carreteras.
