Ese mismo viernes, a la hora en que el aire fresco se vuelve un poco más frío, un niño de 12 años de la zona norte de Phoenix se detuvo frente a una casa para pedir dulces. El momento, tan cotidiano en la tradición de la noche de brujas, terminó en tragedia cuando el joven se desplomó de inmediato sobre el piso del pasillo.
El caso llegó al Hospital Infantil de Phoenix, donde el equipo médico detectó una hemorragia cerebral causada por un aneurisma. A pesar de los esfuerzos de los especialistas, la víctima falleció el día 1 de noviembre.
El niño, cuyo nombre es Dylan Skalina, había sido conocido por su actitud amable y su disposición de ayudar a sus compañeros. Su madre, Megan, recordó que él era “muy querido” y que siempre parecía estar rodeado de amigos.
Dylan padecía diabetes tipo 1 y el síndrome de Ehlers‑Danlos, una condición que afecta el tejido conectivo y que también se ha identificado en sus hermanas, Alexis y Kaylie. Según la familia, el síndrome pudo haber contribuido a la formación del aneurisma al provocar hiperextensiones musculares inusuales en su cerebro.
La comunidad médica ha señalado que, gracias a la donación de órganos de Dylan, se han podido preservar su páncreas para la investigación sobre la diabetes tipo 1, un tema que le apasionaba. Se estima que la donación de sus tejidos podría beneficiar a más de 300 personas.
El hospital y los familiares organizaron una Caminata de Honor en la mañana del martes, como homenaje a los donantes de órganos que, de forma silenciosa, continúan dando la vida a quienes la necesitan. Megan expresó que “es muy importante para él” y que cree que su legado seguirá inspirando a otros.
La historia de Dylan destaca la importancia de la concientización sobre el síndrome de Ehlers‑Danlos, la donación de órganos y el poder de una vida joven para impactar positivamente a la sociedad. A través de su memoria, la familia espera seguir difundiendo información y esperanza en la comunidad.