Con esta visión, la división de juegos de Microsoft ha decidido dar un giro estratégico. En una reciente rueda de prensa, un ejecutivo de alto rango, quien ya se percibe como la cara pública de Xbox, subrayó la importancia de “estar en todas partes”. Su comentario resonó con el comentario de Sarah Bond, presidenta de Xbox, quien afirmó que el objetivo es construir una “plataforma de juegos” que se mantenga siempre a la mano del usuario, trabajando de la mano con el equipo de Windows.
El cambio de enfoque no es meramente retórica. Satya Nadella ha señalado que, en la era actual, la competencia real de los videojuegos no se limita a otros títulos, sino a los videos cortos y otras formas de entretenimiento digital. En consecuencia, la evolución de Xbox busca diversificar su oferta y mover el negocio hacia los medios interactivos.
Sin embargo, la apuesta por la suscripción Game Pass ha generado polémica. La estrategia de ofrecer una biblioteca extensa y accesible a cualquier hora parecía la fórmula ganadora, pero la reciente subida de precios ha puesto en duda su sostenibilidad. En México, el plan Ultimate pasó de 299 a 449 pesos, una alza que, según PC Guide, hizo que 7 de cada 10 usuarios contemplaran cancelar su suscripción.
Contrario a lo que muchos esperaban, los usuarios de Game Pass no superan el tiempo de juego de los propietarios de PlayStation, a pesar de contar con más títulos disponibles. Un informe de Newzoo, a cargo de Emmanuel Rosier, indica que la mayor cantidad de juegos no se traduce en mayor tiempo de juego ni en mayor diversidad de títulos jugados.
En medio de esta crisis de percepción, la alianza con ASUS presenta una solución híbrida: la ROG Xbox Ally X. Este portátil, que se asemeja a la primera generación del Ally pero con mejoras significativas, incorpora un chip AMD Ryzen AI Z2 Extreme, 24 GB de RAM y un SSD de 1 TB. Su pantalla de 7 pulgadas, Full HD y 120 Hz, junto con una batería de 80 W, permite sesiones de juego decentes, aunque la experiencia se percibe más como una PC de alto rendimiento que como una consola tradicional.
La integración con Game Pass está marcada por un botón dedicado que abre la biblioteca de juegos, pero la base del sistema sigue siendo Windows 11. El modo “Full Screen Experience” intenta emular la experiencia de una consola, pero la presencia de notificaciones, el escritorio y las aplicaciones de Windows pueden romper la inmersión que los jugadores buscan.
Con un precio de 19 999 pesos, la Ally X representa una inversión seria. Para quienes desean aprovechar la potencia del dispositivo y usarlo también como una computadora portátil, la propuesta tiene sentido; pero si el objetivo es una experiencia de “Xbox pura”, el producto puede resultar insuficiente.
En definitiva, la nueva ROG Xbox Ally X se posiciona como un híbrido poderoso que, a la vez, se desvía de la experiencia de consola tradicional. Su éxito dependerá de cómo los usuarios perciban la mezcla entre la potencia del PC y la comodidad de una consola portátil.