Pero en la parte superior del listado, un título que ha dejado perplejos a algunos de los usuarios más exigentes: «Orca». La curiosidad se convierte en inquietud cuando los seguidores descubren letras sin sentido y voces que parecen sacadas de una caja negra.
La sorpresa se confirmó cuando Emily Portman, la interprete folk conocida por su narrativa melódica y su estilo minimalista, encontró el título en su propio catálogo de Spotify y Apple Music, pese a no haber lanzado nuevo material desde 2022. Al inspeccionar el track, Portman reconoció la estructura y el timbre, elementos que “parecían haber sido escritos por ella”, pero el análisis profundo mostró que la producción era el resultado directo de un modelo de inteligencia artificial que había sido entrenado con sus álbumes anteriores.
Paralelamente, en la otra punta del planeta, Paul Bender, bajista de The Sweet Enoughs y galardonado con un nominado a los Grammys por su trabajo con Hiatus Kaiyote, encontró cuatro piezas enteramente ficticias subidas bajo su sello. “Es un fraude tan sencillo como decir: ‘soy yo’, y la canción llega a mi perfil sin ninguna capa de verificación”, explicó Bender. Ha documentado varios casos de canciones falsas entre los repertorios de artistas ya fallecidos, como la cantante escocesa Sophie, que murió en 2021. Con la ayuda de la plataforma Change.org, la comunidad musical ha unido sus voces, acumulando más de 24 000 firmas que exigen una revisión de los procedimientos de subida de contenido.
Según Dougie Brown, de UK Music, estos temas se colocan en las listas de reproducción de artistas reales con la intención de “percibir los derechos de autor asociados”. Aunque el pago por cada reproducción sea modesto, el uso de bots puede multiplicarlo exponencialmente, generando ingresos ilícitos para los que operan detrás del fraude. El caso plantea preguntas sobre la autenticación de contenido y la protección de la propiedad intelectual en la era de la inteligencia artificial aplicada a la música.
Las plataformas de streaming han reído de la acusación, pero la presión creciente está llevando a nuevas iniciativas de transparencia. Spotify y Apple Music afirman que ya están colaborando de forma preventiva con los distribuidors y desarrollando métodos que no dependen únicamente de la identidad del usuario, sino de patrones analíticos que permitan detectar anomalías en los uploads.
Entre los estudios más recientes, una investigación de Ipsos, en colaboración con la plataforma francesa Deezer, demuestra que la mayoría de los oyentes no distingue entre piezas creadas por humanos y aquellas generadas por IA. Eso alimenta una economía de contenidos erróneos, donde ciertos nombres de IA, como Suno y Udio, han acumulado millones de seguidores sin una interacción real con el público.
En respuesta, el gigante sueco de streaming y la firma austriaca Apple Music continúan revisando sus algoritmos de curación y de verificación de copyright, intentando prevenir que la música sea una “rueda que gira sin control”. Mientras tanto, los artistas afectados siguen trabajando en sus próximos proyectos, manteniendo la autenticidad de su arte como la principal defensa contra la manipulación de la tecnología masiva.