El éxito rotundo puede ser un arma de doble filo en Wall Street, y Amazon acaba de comprobarlo. Aunque la compañía dirigida por Andy Jassy cerró el último trimestre de 2025 con ingresos espectaculares por más de 213,000 millones de dólares, los inversionistas no celebraron las cifras. El motivo: la factura para mantenerse en la cima de la revolución tecnológica será mucho más cara de lo previsto.
La empresa anunció que su gasto en infraestructura para 2026 escalará hasta los 200,000 millones de dólares, una cifra que superó por mucho las expectativas del mercado. Este capital se destinará a una expansión agresiva de centros de datos, chips propios y robótica, elementos vitales para alimentar la creciente demanda de Inteligencia Artificial (IA). Para los accionistas, este anuncio generó un "efecto frío", traduciéndose en un desplome inmediato del 10% en el valor de sus acciones ante el temor de que la rentabilidad a corto plazo se vea sacrificada.
Pero Amazon no está sola en esta carrera de miles de millones. Gigantes como Alphabet (Google) y Meta también han proyectado gastos masivos para este año, confirmando que la industria vive una transformación donde quien no invierte, desaparece. Andy Jassy defendió su visión ante los analistas, asegurando que estos movimientos no son simples costos, sino activos estratégicos que rendirán frutos en la próxima década. Para el CEO, la IA y los satélites de órbita baja son la frontera que definirá quién domina el mundo digital.
Sin embargo, no todo es futuro brillante y algoritmos. Mientras la división de la nube (AWS) vuela con un crecimiento del 24%, el negocio físico de Amazon ha tenido que poner los pies en la tierra. La compañía confirmó el cierre de decenas de tiendas Amazon Fresh y Amazon Go, admitiendo implícitamente que su apuesta por el retail automatizado no terminó de convencer al público. Este contraste dibuja a una empresa en transición: una que recorta en las calles para apostarlo todo a la potencia de sus servidores y la inteligencia de sus máquinas.