Esta semana inició en Los Ángeles un juicio sin precedentes que busca determinar si plataformas como Instagram y YouTube fueron diseñadas deliberadamente como "máquinas de adicción" para cerebros infantiles. El caso, encabezado por la demandante Kaley G.M., de 20 años, sostiene que el modelo de negocio de estas empresas prioriza el tiempo de permanencia de los usuarios —necesario para la venta de publicidad— sobre el bienestar psicológico. El abogado demandante, Mark Lanier, presentó documentos internos de Google que mencionan explícitamente la "adicción de los internautas" como un objetivo, comparando la estrategia de las Big Tech con la utilizada por la industria tabacalera en décadas pasadas.
Por su parte, la defensa de Meta y Google rechaza categóricamente las acusaciones. Los abogados de las tecnológicas argumentan que los problemas de salud mental de la joven se deben a factores familiares preexistentes y no al uso de las plataformas. Además, Google defendió a YouTube alegando que su objetivo es fomentar el aprendizaje y no "reconfigurar el cerebro" de nadie, mientras que Meta apeló a la Ley de Decencia en las Comunicaciones para eximirse de responsabilidad. En un giro estratégico, YouTube incluso afirmó no ser una "red social" para distanciarse de los cargos, una táctica similar a la de TikTok y Snapchat, quienes evitaron el juicio mediante acuerdos confidenciales.
Se espera que en los próximos días testifiquen figuras clave como Mark Zuckerberg y Adam Mosseri, en un proceso que es seguido de cerca por miles de familias que han interpuesto demandas similares por depresión, trastornos alimentarios y otros daños derivados del uso algorítmico de estas aplicaciones.