El juicio que enfrenta a los gigantes tecnológicos contra las acusaciones de diseñar algoritmos adictivos para menores ha vivido su primera jornada de alta tensión con la comparecencia de Adam Mosseri. El director ejecutivo de Instagram rechazó tajantemente que las redes sociales generen una "adicción clínica", prefiriendo utilizar el término "uso problemático". Durante su interrogatorio, Mosseri comparó el hábito de revisar el teléfono con el consumo intensivo de series de televisión, sugiriendo que el concepto de exceso es relativo y depende de cada usuario, una postura que fue cuestionada de inmediato por la parte demandante debido a su falta de formación médica.
El núcleo de la demanda se centra en el caso de una joven de 20 años que alega daños psicológicos severos tras años de dependencia a estas plataformas. Mientras la defensa de Meta atribuye el deterioro mental de la demandante a problemas familiares ajenos a la tecnología, Mosseri sostuvo que la seguridad de los menores es prioritaria para el negocio a largo plazo. Sin embargo, el directivo tuvo que justificar decisiones controvertidas, como el mantenimiento de filtros de belleza que simulan cirugías plásticas, una medida que Mark Zuckerberg respaldó en su momento para no perder terreno frente a la creciente competencia de TikTok.
Esta declaración es solo el preámbulo de una serie de comparecencias de alto nivel que incluirán a Mark Zuckerberg y al jefe de YouTube en los próximos días. El fallo de este caso no solo determinará el destino de la demanda actual, sino que sentará un precedente legal para decenas de procesos similares que cuestionan la ética detrás del diseño de las redes sociales. Por ahora, Silicon Valley mantiene una postura firme: la protección de los jóvenes es un objetivo corporativo, pero la línea entre el entretenimiento digital y la dependencia patológica sigue siendo, a sus ojos, una cuestión de interpretación subjetiva.