La misión Artemis II culminó con éxito su regreso a la Tierra después de un viaje de diez días que marcó el primer sobrevuelo lunar de la humanidad en más de medio siglo. La cápsula Orion, que alcanzó temperaturas superiores a los 2 500 °C al reentrar en la atmósfera, se desaceleró mediante la fricción y desplegó sus paracaídas a aproximadamente 6 700 metros de altitud, para finalmente amerizar frente a la costa de California.
Los cuatro tripulantes – el comandante Reid Wiseman, la comandante Christina Koch y el piloto Victor Glover de la NASA, y el astronauta canadiense Jeremy Hansen de la CSA – fueron recibidos por un equipo de la Marina de EE. UU. integrado por el teniente comandante Jesse Wang, el suboficial mayor médico Laddy Aldridge y los suboficiales Vlad Link y Steve Kapala. Tras una evaluación médica individual, los astronautas fueron trasladados en helicópteros de la Marina en el orden establecido por la NASA: primero Koch, luego Glover, después Hansen y, por último, Wiseman.
El reingreso representó la fase más delicada de la misión. Según Alejandro Farah, secretario de divulgación del programa espacial de la UNAM, la velocidad de la cápsula superó los 11 km/s (aprox. 39 000 km/h) y las temperaturas alcanzaron los 2 500 °C, provocando un proceso de ablación en el escudo térmico que protege a la tripulación. “No hay manera de salir de ahí; la cápsula es la que te tiene que proteger”, enfatizó Farah.
El sobrevuelo lunar de Artemis II reveló amplias zonas de la cara oculta de la Luna nunca antes vistas por ojos humanos y coincidió con un eclipse solar total, proporcionando datos científicos inéditos. La última colaboración entre la NASA y el Departamento de Defensa para el reingreso de una tripulación lunar había ocurrido en la misión Apolo 17, en 1972.
Con la misión concluida, la NASA y sus socios internacionales celebran un hito histórico que sienta las bases para futuras misiones tripuladas a la Luna bajo el programa Artemis.