La conectividad digital se ha convertido en el terreno donde se define gran parte de la experiencia adolescente contemporánea. Cuando los gobiernos intentan trazar líneas rígidas para limitar este acceso, el comportamiento de los usuarios jóvenes suele desviarse hacia rincones del internet mucho menos visibles y regulados, creando un efecto rebote que complica las estrategias de protección tradicionales.Ante el debate nacional impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum sobre el uso de dispositivos digitales, Meta presentó su estrategia Screen Smart para la protección de adolescentes en línea. Eliana Pérez, gerente de Políticas Públicas de la empresa en México, advirtió que las prohibiciones generalizadas no reducen el daño, sino que lo redistribuyen. Citó el caso de Australia, donde la restricción a menores de 16 años provocó un aumento inmediato en las descargas de redes privadas virtuales y aplicaciones desconocidas para los reguladores.Como alternativa, la compañía propone implementar la verificación de edad directamente a nivel del sistema operativo o la tienda de aplicaciones, un modelo que ya opera en Estados Unidos y Brasil. Dado que el 95 por ciento de los adolescentes en México posee un teléfono inteligente, este esquema otorgaría a los padres la autonomía para aplicar regulaciones desde el momento en que entregan el dispositivo. María Cristina Capelo, líder de seguridad de Meta para América Latina, detalló que las Cuentas para Adolescentes, activas para usuarios de 13 a 17 años, incluyen pausas automáticas tras 60 minutos de uso y un modo reposo que suspende notificaciones entre las 22:00 y las 7:00 horas.La discusión reveló posturas encontradas respecto a la eficacia de estos mecanismos. Representantes de la UNESCO y especialistas en comunicación señalaron que la responsabilidad debe compartirse entre familias, plataformas y gobiernos, priorizando la alfabetización mediática sobre las vetas absolutas. Mientras Ana María Olaubenga exigió mayor transparencia en los algoritmos de recomendación, la empresa sostuvo que los usuarios pueden modificar sus preferencias, aunque reconoció que las interacciones constantes alimentan dichos sistemas.El consenso final del foro apuntó hacia la necesidad de fomentar hábitos de desconexión y educación digital. Las plataformas mantienen sus filtros automáticos, pero el desafío persiste en equilibrar la supervisión parental con la realidad de un ecosistema digital que evoluciona a una velocidad que las regulaciones apenas logran alcanzar.