"Lo increíble de Carlos es que es camaleónico: le pides algo en un partido y lo hace realidad", confesó el exnúmero uno del mundo, como si describiera a un personaje de ficción. Pero no, es pura realidad. El domingo, en la cancha dura del Arthur Ashe, el murciano volvió a demostrar por qué es el tenista más completo de su generación.
Con apenas 22 años, Alcaraz acaba de conquistar su sexto Grand Slam y recuperar el trono del ranking ATP tras una final del US Open donde dejó en claro que su versatilidad no tiene techo. Ante Jannik Sinner, su némesis en los últimos meses, desplegó un repertorio que incluyó desde saques a 209 km/h hasta drops que parecían suspendidos en el aire. El marcador final (6-2, 3-6, 6-1, 6-4) no refleja la intensidad de un duelo donde, una vez más, el español improvisó soluciones en tiempo real.
Mientras tanto, Sinner y el resto del circuito seguirán buscando grietas en un jugador que, como bien dijo Ferrero, cambia de piel según lo exija el momento. Hoy por hoy, el tenis tiene un nombre: Carlos Alcaraz. Y lo peor (para sus rivales) es que esto apenas comienza.