Es la continuación de una historia que el béisbol moderno no ha visto desde antes de que muchos de los jugadores en el campo nacieran.
Los Dodgers de Los Ángeles llegan como campeones defensores, algo que no ocurría desde los Filis de Filadelfia en 2009. Pero lo que los hace distintos no es solo haber ganado el año pasado. Es que, en los últimos seis años, han ganado cinco títulos de división, acumulado más de 100 victorias en cuatro temporadas, y ahora buscan su tercer anillo en seis años. Una constancia que desafía la lógica de un deporte donde el azar, las lesiones y el cambio de plantel suelen borrar cualquier dominio.
“Si estás pensando en ir a la postemporada y tener la oportunidad de ganar Series Mundiales año tras año, supongo que eso calificaría como algún tipo de dinastía”, dijo Mookie Betts, quien desde 2020 ha sido el alma de este equipo. Pero él no mira hacia atrás. Mira al dugout, al bullpen, al bate que aún no ha sido empuñado en el octavo inning. Su foco está en el siguiente lanzamiento, no en el historial.
El debate sobre qué es una dinastía se ha vuelto más complejo que un cambio de curva. En la era de los playoffs expandidos, ganar no requiere dominar 162 juegos, sino sobrevivir cuatro series de siete. “Ahora solo tienes que ganar cuatro de siete”, señaló Bob Costas, recordando que los Bravos de Atlanta ganaron 14 divisiones seguidas... pero solo un campeonato. ¿Eso los hace menos? ¿O simplemente más persistentes?
John Thorn, historiador oficial de las Grandes Ligas, lo tiene claro: “Una dinastía hoy se define por banderines consecutivos o títulos de división ganados, no por campeonatos de la Serie Mundial”. Y en ese sentido, los Dodgers ya están entre los grandes. Han ganado 12 de los últimos 13 títulos de la División Oeste. Incluso cuando perdieron el título en 2021, terminaron con 106 victorias. Eso no es mala suerte. Es una máquina.
Freddie Freeman, recién llegado, lo dice con la calma de quien ha visto todo: “Ganar uno ya es difícil. Si puedes conseguir tres en un lapso de cinco, seis años, supongo que podrías decir que es una dinastía”. Pero no lo dice con orgullo. Lo dice como quien reconoce un fenómeno, no como quien lo reclama.
Los Yankees de los 90, los Atléticos de Oakland en los 70, los Rojos de Cincinnati en los 70… esos equipos dejaron huellas en la piedra. Hoy, los Dodgers no necesitan tres títulos consecutivos para ser recordados. Solo necesitan ganar uno más. Porque ya han demostrado que, en un deporte donde el tiempo es el enemigo más cruel, ellos no se rinden. No se desgastan. No se desvanecen.
En el vestidor, nadie cuelga carteles de “dinastía”. No hay fotos de leyendas en las paredes. Solo una lista de objetivos diarios, una rutina de trabajo, y el silencio de quienes saben que lo grande no se anuncia. Se construye. Paso a paso. Juego a juego. Bola a bola.
