No preguntó si iba a lanzar. Ya lo sabía. Solo quería saber cuándo.
En una liga donde las estrellas se cuidan como joyas en exhibición, Scherzer, a sus 41 años, sigue siendo el tipo que no se deja llevar por las circunstancias. Ni por la edad, ni por el ritmo, ni por el hecho de que apenas había lanzado 11 entradas en postemporada con Toronto. Su cuerpo lo dice todo: cada contractura, cada pinchazo en el hombro, cada sesión de hielo al amanecer. Pero su mente —esa que ha leído análisis de bateadores desde los 19 años— nunca se rinde a los números. Solo a la lógica.
El lunes, en el Dodger Stadium, se enfrentará a Tyler Glasnow, un derecho de 27 años que ha lanzado como si el miedo no existiera: 13⅓ entradas, una carrera permitida, efectividad de 0.68. Nada casual. Nada fortuito. Glasnow ha sido el espejo de lo que Scherzer fue hace una década: implacable, preciso, casi frío. Pero mientras el joven busca consolidar su leyenda, el veterano solo busca extenderla. Con 8 victorias en postemporada, Scherzer ya supera a casi todos los nombres que alguna vez fueron considerados inmortales. Y aún no ha terminado.
Lo que pocos saben es que, en el cuarto juego de la Serie de Campeonato contra Seattle, cuando el manager John Schneider subió al montículo en la quinta entrada, Scherzer lo miró a los ojos y dijo: “No me saques. No tengo intención de salir.” No fue un grito. No fue un reclamo. Fue una declaración. Y Schneider, sin dudar, asintió. Lo dejó ahí. Cinco entradas más. Ocho outs más. Una victoria que lo convirtió en el lanzador más viejo en iniciar un juego de postemporada desde Jamie Moyer, en 2008.
Shohei Ohtani, por su parte, abrirá para los Dodgers en el cuarto juego. Un duelo de fenómenos: uno que domina con el brazo y el bate, otro que domina con la mente y la resistencia. Ambos han sido llamados “diferentes”. Pero mientras Ohtani representa el futuro del béisbol, Scherzer lo encarna en su forma más pura: el jugador que no entiende de límites, solo de deberes.
En los archivos de la MLB, su nombre ya está entre los más citados: 3 Cy Young, 7 All-Star, 217 victorias en temporada regular. Pero aquí, en esta Serie Mundial, lo que importa no es el historial. Es la mirada. La misma que tenía cuando lanzó su primer juego en la postemporada, hace 15 años. La misma que tiene ahora, cuando sabe que cada entrada puede ser la última. Y aún así, sigue pidiendo más.
