Vladimir Guerrero Jr. no necesitó más que un lanzamiento para cambiar el rumbo. En el tercer inning, con un breaking ball que se deslizó demasiado cerca del borde del strike zone, el dominicano lo envió como un misil hacia el left-center. La pelota rozó el techo del estadio y cayó entre los gritos de una minoría azul que, por primera vez en horas, respiró. Era su séptimo jonrón en esta postemporada. Ningún jugador de los Blue Jays lo había hecho antes.
El duelo no era solo entre dos estrellas, sino entre dos realidades: la de un equipo que venía de perder 18 entradas en un partido que parecía eterno, y la de un fenómeno que había roto récords en menos de una semana. Ohtani, con una velocidad promedio de 97.6 mph —menos que su promedio de temporada—, siguió siendo preciso. Pero la precisión no siempre basta. Los Blue Jays, sin George Springer y con el ánimo en los huesos, encontraron el momento exacto para atacar.
En el séptimo, todo se desglosó como un dominó. Daulton Varsho conectó un sencillo. Ernie Clement lo mandó al muro. Andrés Giménez empujó el primer carril. Ty France lo completó con un groundout. Y entonces, como si el viento hubiera cambiado de dirección, Bo Bichette y Addison Barger pusieron el sello con sendos sencillos contra Blake Treinen, quien no logró contener el torrente.
Por su parte, Shane Bieber —el ex-Cy Young que regresó de una cirugía de Tommy John apenas en agosto— no fue espectacular, pero fue impenetrable. Tres bases por bolas, cuatro corredores en base en el sexto, y siempre, siempre, salió del apuro. En el dugout, sus amigos y familiares desde Orange County gritaban cada out como si fuera el último. Él los escuchó. Y los cumplió.
Ohtani, por su parte, llegó a la caja de bateo con récord de 11 turnos consecutivos llegando a base en esta Serie Mundial. Pero en su tercer turno, se retiró con un strikeout. En el cuarto, otro ponche. Cuando terminó el juego, aún estaba en el banco, listo para batear… pero no hubo oportunidad. La historia que había construido en tan solo días se desvaneció en una noche de errores tácticos y una ofensiva que no se rindió.
El marcador final, 6-2, no refleja la tensión que se sintió en cada lanzamiento. Ni la presión que pesaba sobre los hombros de un equipo que, hasta hace 24 horas, creía que su título estaba asegurado. Ahora, el escenario cambia. Game 5 en Los Ángeles. Blake Snell contra Trey Yesavage. El mismo duelo que abrió la serie… pero con todo por decidir.
