La energía del estadio no se sintió reflejada en los primeros minutos, cuando la defensa antichatar se quedó sin fuerzas y la pelota apenas avanzaba.
El resultado final, sin embargo, favoreció a los Broncos, que lograron un estrecho 10‑7 sobre los Raiders de Las Vegas. Denver, con 8‑2, se mantuvo en la cima de la tabla a pesar de la aparente torpeza del ataque y los equipos de cobertura. Los Raiders, con 2‑7, siguieron la racha de victorias en casa que asciende a diez encuentros consecutivos, pero no pudieron superar la presión que ejerció la defensa de Denver.
La pieza clave del encuentro fue la actuación de la defensa de los Broncos, que logró seis derribos de Geno Smith. El mariscal de campo de Los Ángeles fue sometido con tanta intensidad que el juego se transformó en una batalla de fuerza. Entre las jugadas más destacadas, el bloque de puntaje de J.L. Skinner sobre el puntador de los Raiders, AJ Cole, abrió la puerta para un gol de campo de 32 yardas de Wil Lutz con cinco segundos restantes en el tercer cuarto, rompiendo el empate 7‑7.
Con la defensa de los Broncos empujando la pelota en la zona roja, el ataque de Denver fue capaz de avanzar en la última jugada de quinta, culminando con un kneel‑down dentro de la línea de 20 de los Raiders cuando el equipo visitante agotó sus tiempos de descanso. La actuación de la línea ofensiva de los Broncos, que solo logró 6 yardas en las primeras seis jugadas del primer cuarto, se vio compensada por la contundencia defensiva que acumuló 46 sacking en la temporada, el mayor total por más de diez partidos en la historia de la NFL desde 1990.
A pesar de los errores en los equipos especiales, donde el novato Jeremy Crawshaw falló tres punterías en la primera mitad, la combinación de bloqueo y golpe de fuerza de los defensores de Denver se tradujo en una victoria que les permite seguir al frente en la AFC West.