Según la familia, el legendario exjugador y entrenador falleció el pasado domingo a los 88 años, rodeado de sus seres queridos. La causa no se ha revelado públicamente.
Wilkens, quien fue elegido al Salón de la Fama de la NBA tanto como jugador como técnico, dirigió 2 487 partidos en la liga, cifra que sigue siendo récord. Entre sus logros más destacados se encuentran el campeonato de la NBA con los Seattle SuperSonics en 1979 y la obtención de dos medallas de oro olímpicas con la selección de Estados Unidos (Atlanta 1996 y Atlanta 1996).
Durante su carrera como jugador, Wilkens fue nueve veces All-Star y lideró la liga en asistencias en dos temporadas. Su mejor promedios de puntos llegó en la primera campaña con los SuperSonics (22.4 pts, 8.2 ast, 6.2 reb). Tras retirarse como jugador, se convirtió en entrenador en la NBA, superando a Red Auerbach con la primera victoria de 1 000 victorias en la historia del deporte.
Además de su legado en la cancha, Wilkens dejó huella en la comunidad de Seattle. Una estatua que lo representa se erige frente al Climate Pledge Arena, y su fundación ha apoyado a la Clínica Infantil Odessa Brown durante décadas. Su influencia como mentor y pionero en el desarrollo de jóvenes talentos sigue siendo citada por entrenadores de todo el país.
El exjugador y entrenador también fue distinguido por la FIBA, el Salón de la Fama Olímpico de EE. UU., el Salón de la Fama del Baloncesto Universitario y el Muro de Honor de los Cleveland Cavaliers. Su carrera incluyó períodos como entrenador en Seattle, Portland, Cleveland, Atlanta, Toronto y los Knicks, dejando un legado que trasciende los resultados en la tabla.
Wilkens deja atrás a su esposa Marilyn, sus hijos Leesha, Randy y Jamee, y siete nietos, quienes seguirán recordando la sabiduría y humildad que caracterizaron a uno de los más grandes embajadores del baloncesto.
