El trasfondo de esta crisis se remonta a la participación en París de boxeadoras como Imane Khelif (Argelia) y Lin Yu-ting (Taiwán), quienes obtuvieron medallas, pero cuya elegibilidad fue cuestionada debido a supuestos resultados de pruebas de “sexo biológico” realizadas en 2023 por la entonces Asociación Internacional de Boxeo (IBA). Sin embargo, el Comité Olímpico Internacional (COI) anuló esas pruebas, calificándolas como “defectuosas e ilegítimas”, y permitió su participación.
La polémica no cesó. En respuesta, World Boxing, la nueva entidad rectora del boxeo amateur tras la expulsión de la IBA, estableció en mayo de 2025 un requisito obligatorio: todos los boxeadores mayores de 18 años deben someterse a una prueba genética PCR que detecta la presencia del gen SRY (asociado al cromosoma Y) para determinar su elegibilidad en las categorías masculina o femenina.
Como resultado, Khelif fue notificada de que no podría competir en eventos sancionados —como la Box Cup de Eindhoven 2025— hasta cumplir con el examen. Tras críticas por mencionarla públicamente, World Boxing emitió una disculpa formal, reconociendo el daño potencial a su imagen.Un dilema que va más allá del ring
La decisión de vincular la participación deportiva a marcadores cromosómicos ha generado un intenso debate en múltiples frentes:
La llegada de Golovkin —doble campeón mundial, plata olímpica en Atenas 2004 y actual presidente del Comité Olímpico de Kazajistán— fue aclamada como un paso hacia la legitimidad y la transparencia. Su elección por aclamación en el Congreso de Roma refleja la esperanza de una nueva era tras los escándalos de la IBA.
En su discurso inaugural, prometió que “los atletas estarán en el centro de cada decisión” y fijó la mirada en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, donde el boxeo buscará consolidar su lugar en el programa olímpico con nuevas reglas, mayor transparencia y credibilidad.
Desde su fundación en 2023, World Boxing ha logrado el reconocimiento provisional del COI y ha integrado a decenas de federaciones nacionales. Pero su mayor prueba no es institucional, sino ética y social.Cinco desafíos inmediatos para la nueva era
La presidencia de Golovkin representa más que un cambio de mando: es una oportunidad para que el boxeo se transforme en un deporte moderno, justo, seguro e inclusivo. Su legado no se medirá solo en medallas, sino en cómo el pugilismo responde a una de las preguntas más urgentes del deporte contemporáneo: ¿cómo competir con equidad sin perder humanidad?
El camino hacia Los Ángeles 2028 será exigente, pero si World Boxing logra navegar con sensibilidad científica, ética y deportiva, podría dar un ejemplo no solo para el boxeo, sino para todo el movimiento olímpico.