Se habló de leyenda, de legado y de una pieza cultural que ha trascendido el tiempo.
El Hijo del Santo—cuyo nombre real es Alejandro de la Barrera—cierra una etapa que abarca más de cuatro décadas de lucha libre. Durante 43 años, la figura plateada ha marcado la historia del deporte, aportando un estilo técnico y a la vez emotivo que resonó en México y más allá.
Su primer paso en el cuadrilátero ocurrió el 18 de octubre de 1982, cuando aceptó el desafío de portar la misma máscara que su padre, El Santo, y se convirtió en hijo de la mayor tradición en la lucha. Tras su debut, consolidó un camino de éxito con incursiones internacionales: giró por Japón, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos y Francia, y se alineó con compañías como Universal Wrestling Federation, All Japan Women’s Pro-Wrestling y AAA. En Japón, por ejemplo, destacó con su técnica aérea y aérea, posicionando al “Enmascarado de Plata” frente a nuevas audiencias.
En Estados Unidos, el 1994 marcó una época con su participación en el evento “When Worlds Collide”, enfrentando a Psicosis y a Octagón frente a Los Gringos Locos. Esa noche, la combinación de talentos y la magia del estilo mexicano generó una de las ligas de parejas más memorables en la historia norteamericana. A nivel nacional, su rivalidad con Negro Casas y Blue Panther resonó como clásicos que la arena México siempre recordará; los duelos de apuestas entre estos dos titanes se convirtieron en leyenda.
Entre los logros más citados se listan el Campeonato Mundial de Peso Welter, el de Pares, la victoria sobre el Espanto Jr., Kahoz y el Signo Jr. en luchas de máscara. También, la breve etapa donde adoptó la facción de rudo, lo que le permitió explorar un nuevo aspecto de su personaje y profundizar la historia del personaje de manera creativa.
La influencia del Hijo del Santo trascendió el ring. Defendió el uso de la imagen de la máscara en litigios y creó proyectos culturales: cómics, documentales como “El Hombre detrás de la máscara” y eventos benéficos que reforzaron su vínculo con causas sociales. Su trabajo internacionalizó la cultura de la lucha libre mexicana, llevando el estandarte plateado a Francia, Alemania, Japón y Estados Unidos.
El retiro anuncia la llegada de Santo Jr., el nieto de El Santo, quien será el nuevo portador de la tradición. El Hijo del Santo ha preparado a su heredero con una visión moderna y dinámica; su estilo se alinea con el ritmo contemporáneo, prometiendo superar a su antecesor en cuanto a técnica y espectáculo.
La noche terminó con la última presentación del Hijo del Santo, un espectáculo cargado de emoción y homenajes. Entre aplausos y lágrimas, la máscara se retiró de su rostro, marcando el cierre de un capítulo glorioso y la apertura de otro para la posteridad de la leyenda mexicana.