El piloto mexicano compartió cómo, a pesar de sus éxitos en la escudería, la presión interna y las diferencias en los ajustes del coche marcaron su experiencia.
"En Red Bull todo era un problema", comentó Checo, destacando cómo las mejoras en los monoplazas se orientaron más a las preferencias de Verstappen, lo que lo dejó con menos confianza al volante. En 2022, Pérez llegó a sentir que el coche ya no respondía como esperaba, y su lucha por adaptarse se hizo más difícil con el paso del tiempo. "Ya no sabía qué me iba a hacer el coche en las curvas, empecé a pensar más en no chocar que en ir rápido", explicó.
El mexicano también reveló que, desde el inicio de su etapa en Red Bull, Christian Horner, el jefe del equipo, le dejó claro que el proyecto estaba diseñado principalmente para Max Verstappen. "Este proyecto fue creado para Max, que es nuestro talento", le dijo Horner en su primera reunión, lo que le hizo entender desde un principio cuál era su rol en el equipo. A pesar de esto, Checo se comprometió a dar lo mejor de sí mismo, sin quejarse, buscando siempre sacar provecho de las circunstancias.
Pérez explicó que, a medida que la presión aumentaba, incluso a nivel psicológico, recurrió a un psicólogo para poder manejar la tensión. "Era muy difícil, porque tenías a todo el equipo en contra públicamente. Solo alguien con una mente fuerte puede soportar algo así", afirmó.
A pesar de los desafíos, Checo Pérez se mostró agradecido por haber formado parte de Red Bull, un equipo que lo llevó a conquistar su mejor nivel en la Fórmula 1, con un tercer lugar en 2022 y un segundo en 2023 en el Mundial de Pilotos. Reconoció que, aunque su relación con el equipo tuvo altibajos, le cambió la vida y le permitió aprender mucho. "Le di todo al equipo y Red Bull me dio todo a mí", concluyó.
Después de su salida de Red Bull al final de 2024, Checo regresará a la Fórmula 1 en 2026 con la nueva escudería Cadillac, donde formará equipo con Valtteri Bottas.