El protocolo inicial del partido amistoso de la Selección Mexicana en Querétaro se transformó en un sentido homenaje cívico para los efectivos del Ejército y la Guardia Nacional que perdieron la vida el pasado 22 de febrero. Antes del pitazo inicial, el "toque de silencio" resonó en todo el inmueble mientras jugadores, cuerpos técnicos y miles de asistentes permanecieron firmes en la cancha y las gradas. El público del Corregidora respondió con un respeto absoluto al llamado del sonido local, culminando el acto con un aplauso prolongado en reconocimiento al sacrificio de los uniformados durante el operativo que derivó en el abatimiento del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Debido al clima de tensión generado por los recientes hechos violentos en diversas zonas del país, las autoridades locales y federales desplegaron un operativo de seguridad sin precedentes para resguardar el encuentro. Bajo la dirección de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Querétaro y en estrecha coordinación con la Sedena, se instalaron filtros de vigilancia en todos los accesos carreteros que conectan con entidades vecinas como Guanajuato y Michoacán. Esta estrategia de "blindaje" comenzó desde las primeras horas del día y se mantuvo vigente durante el desarrollo del juego para garantizar la integridad de las familias que acudieron al estadio.
El despliegue tecnológico fue una pieza clave de la jornada, apoyado en el sistema estatal de videovigilancia RINO y personal de inteligencia que monitoreó en tiempo real cada acceso al recinto. De acuerdo con los mandos policiales, el esquema de seguridad fue diseñado para ser preventivo y flexible, integrando a fuerzas municipales y federales en anillos de control que se extendieron hasta el desalojo total del inmueble. Con estas medidas, el evento deportivo no solo sirvió como un espacio de unidad nacional ante la pérdida de los elementos de seguridad, sino también como una muestra de la capacidad de respuesta y coordinación de las instituciones ante emergencias de alto impacto.