Su fascinación comenzó en la primaria, al ver un diccionario con las banderas del mundo y una imagen de Hugo Sánchez ejecutando una chilena. "A partir de ahí lo relacioné", recuerda. En 1999 adquirió su primera camiseta: la de Argentina 1998. Veinte años después, completó la colección con la de Sudán, obtenida tras contactar al entrenador de la selección por WhatsApp.
Las camisetas llegaron por distintos medios: compras en tiendas, plataformas internacionales y trueques con coleccionistas globales. Algunas fueron especialmente complicadas de conseguir. La de Montserrat la obtuvo directamente de un jugador; la del Vaticano, en un museo. Entre las más especiales están la de Grecia, con el himno nacional impreso, y la de Irlanda, con código morse.
El jersey más antiguo es el de Siria, usado en los años 80. El más caro le costó 6 mil pesos. También persiguió a la Selección Sub 17 de Burkina Faso durante su estancia en Guadalajara para obtener su camiseta.
Como seguidor de Chivas, cumplió un sueño: llevará su colección al estadio rojiblanco, sede de partidos del Mundial que iniciará el 11 de junio. "No vas a ir al Mundial, el Mundial va a ir a ti", dice emocionado.