Fuera del estadio, la atmósfera cambiaba al ritmo de las voces que atravesaban las radios locales. Se habló de los desafíos que enfrentan las futuras heroínas del fútbol, de la disparidad de género que marca la realidad de los deportistas femeninos en Latinoamérica y de las nuevas iniciativas que buscan acercar la equidad dentro del deporte.
No fue hasta que los periodistas se dirigieron a la delegación iraní que la atención cambió de derroteros a la cancha. Sara Didar, la delantera de 21 años que lleva el nombre de su país en la camiseta, se mantuvo sumida en la tensión que habita los palacios de los equipos que dejan el continente. “Espero que mi país esté muy vivo”, dijo al transcripto, mientras las lágrimas se mezclaban con la palidez del rostro. Transmitida a través de un intérprete, su emotividad fue el reflejo de un embudo emocional donde la inseguridad, el conflicto y el abrazo de la esperanza se encontraban en un mismo punto.
La noticia de que el líder iraní, el ayatolá Alí Jamé n, falleció tras una serie de golpes aliados a Estados Unidos e Israel, circulaba como un rumor que marcó las notas de la prensa. La selectoría Marziyeh Jafari, quien tapa la crisis con una postura silenciosa, no pronunció ningún comentario. Los medios debían decidir; la immediata elección del silencio se convirtió en una muestra de la delicada cuasi-política que flap. Pese a la ausencia de declaraciones oficiales, los números cuentan historias. La cifra de víctimas locales se sitúa en 787 muertes según la Media Luna Roja y más de un mil si el reporte de HRANA se toma en cuenta.
El equilibrio de los equipos se sigue reconfigurándose, pues Australia y Filipinas comparten la última onda de la fase de grupos. Pero las voces de las mujeres en Irán, incapaces de haber rezado a la libertad dentro de un mar de vestuario sin pliegues, suscitan una diáspora de pensamiento que acaba de salir a la luz. El emblemático velo que ha marcado la vida pública de la mujer iraní se convierte en un símbolo que quelanda ante la presión política. La clasificación de la selección iraní iguala la historia del país: la primera nunca antes alcanzada en 2002.
El parangón no es solo estadístico; tras la quita se encuentra la narrativa de una nación donde la política y la vida cotidiana se entrelazan. Desde los espectáculos de la calle abierta a la fachada oficial, cada paso de la atleta y su equipo es un acto que se dice mientras el flagelo de la guerra enciende otra vez la pendular de la muerte y el vivo.
Mientras la contienda se avuncia, la frontera entre la mente y la estrategia permanece invisibilizada. El instante en que la inclusión de la sensibility comienza a moverse en la memoria pública dobla cada posible mañana con el presente.