En los últimos compases del encuentro contra Corea del Sur, la Selección Mexicana se vio amenazada por un remate de cabeza a quemarropa. Raúl “Tala” Rangel, guardameta del Tricolor, reaccionó con un reflejo fulminante que desvió el disparo y, segundos después, se lanzó sobre el balón para evitar el rebote que habría sellado el empate.
El gol de Luis Romo había puesto a México en ventaja mínima (1‑0) y Corea del Sur, presionando en la banda derecha, centró un balón que superó la primera línea defensiva. El atacante surcoreano se adelantó a la marca y conectó un cabezazo a escasa distancia de la portería. Rangel, con el brazo derecho extendido, desvió el esférico evitando que cruzara la línea.
El peligro no había desaparecido: el balón quedó vivo dentro del área y otro delantero buscó el rebote. En una segunda muestra de reflejos, el arquero se lanzó nuevamente, atrapando el balón antes de que el rival pudiera rematar. La doble atajada apagó el último intento ofensivo de Corea del Sur y provocó la celebración inmediata de sus compañeros.
Tras la intervención, Rangel abrazó el balón sobre el césped mientras el público reconocía su hazaña. México mantuvo la ventaja y, minutos después, el árbitro pitó el final del partido. La victoria por la mínima le otorgó al Tricolor seis puntos, asegurando su pase anticipado a los dieciseisavos de final y consolidándolo como líder del Grupo A.
Con este resultado, el equipo dirigido por Javier Aguirre mantiene un registro perfecto en la fase de grupos (dos victorias consecutivas) y se perfila como favorito para la siguiente jornada contra República Checa. Por su parte, Corea del Sur deberá buscar su pase en la tercera fecha.
La imagen de Raúl “Tala” Rangel abrazando el balón quedó como una de las más icónicas del Mundial 2026, equiparable a un gol por su impacto decisivo en el destino del Tricolor.