La selección de la República Checa aterrizó en la capital mexicana el lunes, luego de pasar la fase de grupos del Mundial 2026 en Dallas, donde mantuvo su base de operaciones. El grupo, liderado por el portero Miroslav Koubek, realizó su último entrenamiento en Mansfield antes de emprender el viaje, y al llegar al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México fue trasladado bajo estrictas medidas de seguridad al hotel de concentración.
El próximo 24 de junio, los checos se enfrentarán al Tri en el Estadio Azteca, una cita que representa la última oportunidad para mantenerse en la competición. Con tres puntos en juego, la presión es máxima: una victoria les mantendría con vida, mientras que una derrota significaría su eliminación del torneo.
Para México, el encuentro es una ocasión histórica. El Tri busca cerrar la fase de grupos con los nueve puntos máximos, algo que nunca ha logrado en una Copa del Mundo. El ambiente en el Azteca, conocido como el “Coloso de Santa Úrsula”, se espera que sea de fervor y apoyo incondicional, impulsando al equipo nacional a alcanzar la tan anhelada marca perfecta.
El historial entre ambas selecciones en Mundiales es escaso. La única vez que se enfrentaron fue en Chile 1962, cuando México se impuso 3-1. La República Checa, heredera del legado de Checoslovaquia, aspira a igualar ese marcador histórico y, sobre todo, a mantener viva la esperanza de avanzar a la siguiente ronda.
El director técnico de la República Checa ha señalado que el equipo llega al Azteca con la urgencia de un triunfo y con la confianza de haber superado desafíos previos. Sin embargo, reconoce la dificultad del escenario y la presión que supone jugar ante la afición mexicana en uno de los estadios más emblemáticos del planeta.
El duelo del miércoles será definitivo para ambos conjuntos: mientras el Tri persigue la perfección, los checos luchan por la supervivencia. El resultado definirá quién continuará su camino en el Mundial 2026 y quién verá concluida su campaña.