Reforma se inundó y el Tri celebró su victoria. En la madrugada del 25 de junio de 2026, una lluvia inesperada cubrió de lodo y espuma la avenida más emblemática de la Ciudad de México mientras la Selección Nacional vencía a Chequia 2-0. El gol de Mateo Chávez desató una euforia que transformó el Ángel de la Independencia en un lago improvisado, donde los aficionados, armados con sombrillas, bolsas plásticas y una dosis de mariachi, se sumergieron en la celebración.
Los primeros minutos del partido fueron testigos de una alfombra verde de camisetas del Tri que, al contacto con la lluvia, se tornó en una masa fangosa. Los seguidores, algunos equipados con impermeables de 20 pesos comprados en el Metro, otros con simples bolsas negras, resistieron la furia de Tláloc mientras los trompetistas de mariachi resonaban a lo largo del Paseo.
Durante el segundo tiempo, la lluvia se intensificó y las sombrillas se convirtieron en obstáculos. Gritos de "¡Qué la baje!" se mezclaron con el sonido de los balones y el eco de la narración de Andrés Vaca, que fue ahogada por el estruendo de las gotas. La avenida, inundada, reflejaba los píxeles de la pantalla gigante que transmitía el encuentro, creando la ilusión de un lago chocolatoso bajo el Ángel.
El gol que rompió el empate provocó un microsismo de alegría que recorrió la avenida desde el Ángel hasta la fuente de la Diana Cazadora. Los jóvenes, sin dudarlo, saltaron al lodazal, convirtiéndose en "ajolotes" improvisados, mientras la multitud se mojaba y celebraba con espuma blanca que cubría el agua negra.
Con la segunda anotación, la lluvia no cesó y los vendedores ambulantes aprovecharon la ocasión, ofreciendo latones de bebidas a 50 pesos para saciar la sed de los fanáticos. La escena, aunque caótica, quedó como testimonio de la capacidad de la ciudad para transformar una tormenta en una fiesta popular, consolidando el triunfo del Tri como un momento histórico para la afición mexicana.