El próximo domingo 5 de julio, la Selección Mexicana se enfrentará a Inglaterra en los octavos de final del Mundial 2026 en el Estadio Ciudad de México, el último partido del torneo disputado en territorio nacional. La alta demanda ha disparado los precios de los boletos en plataformas de reventa como StubHub, Viagogo y SeatGeek, donde una entrada regular se cotiza alrededor de 2.4 millones de pesos, mientras la opción más económica supera los 75 mil pesos.
Ante la escasa disponibilidad de boletos convencionales, la FIFA ha destinado apenas el 8 % de las localidades para la venta oficial, lo que limita la posibilidad de adquirir entradas a precios razonables y empuja a los aficionados a recurrir al mercado secundario.
En la plataforma de reventa se registran cerca de 500 boletos disponibles, reflejo de la enorme expectación por el encuentro contra los “Three Lions”. Además de la rivalidad deportiva, el partido representa la última oportunidad para que el público mexicano vea a su selección en casa antes de que la fase de cuartos de final se traslade a Atlanta.
El costo máximo observado equivale a la inversión que una familia podría destinar a una carrera universitaria completa, la compra de un departamento de 70‑90 m² en varias ciudades del país, o un viaje de lujo al extranjero. Estas comparaciones ponen en evidencia la brecha entre la pasión futbolera y la realidad económica de muchos seguidores.
Mientras tanto, la FIFA mantiene la venta de paquetes de “Hospitality”, que incluyen servicios exclusivos pero a precios aún más elevados, dejando a la mayoría de los aficionados sin alternativas viables para asistir al estadio.
La pregunta que se plantea es clara: ¿cuánto está dispuesto a pagar el aficionado mexicano para vivir en vivo este histórico enfrentamiento, y a qué costo se sacrifica la inversión en educación, vivienda o viajes?