Con la desilusión que dejó la eliminación de la Selección masculina ante Inglaterra en los octavos de final del Mundial 2026, el fútbol femenino se erige como la nueva esperanza para la afición mexicana. El próximo encuentro contra Haití, programado para noviembre, será decisivo: una victoria garantizará el boleto al Mundial Femenil 2027 y, simultáneamente, la clasificación a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
El formato de clasificación de la CONCACAF establece que los cuatro mejores equipos del torneo regional acceden directamente al Mundial, mientras que dos plazas adicionales se disputarán en una repesca intercontinental. En caso de perder ante Haití, México tendría una segunda oportunidad en la repesca, aunque sin la posibilidad de clasificar a los Juegos Olímpicos.
Esta coyuntura llega en un momento en que el fútbol femenino mexicano cuenta con una liga profesional consolidada desde 2017, lo que ha elevado el nivel competitivo y la visibilidad de las jugadoras. La expectativa crece, pues la última participación del Tricolor en una Copa del Mundo oficial fue en Canadá 2015, y la ausencia en los Juegos Olímpicos se remonta a Atenas 2004.
La historia del fútbol femenino en México tiene raíces que van más allá de los torneos oficiales de la FIFA. En 1971, la Ciudad de México acogió la “Copa Mundial Femenina no oficial”, organizada por la Federación Internacional Europea de Fútbol Femenil. El Estadio Azteca recibió a selecciones de Dinamarca, Italia, Francia, Argentina, Inglaterra y México, y más de 100,000 espectadores asistieron a la final, un récord de asistencia para el fútbol femenino de la época. México llegó a la final, pero perdió ante Dinamarca. Aunque la FIFA nunca reconoció ese certamen, quedó como un hito en la memoria de los pioneros del deporte.
En los torneos oficiales, México ha clasificado a tres Copas del Mundo: Estados Unidos 1999, Alemania 2011 y Canadá 2015. En cada una, el equipo quedó eliminado en la fase de grupos, pero mostró avances significativos y contribuyó al crecimiento del fútbol femenino en el país.
El próximo partido contra Haití representa, por tanto, una doble oportunidad histórica: volver a la máxima cita mundialista y abrir la puerta a los Juegos Olímpicos. Un triunfo no solo rompería una década de ausencia en los escenarios internacionales más importantes, sino que también podría cambiar la narrativa del deporte femenino en México, atrayendo mayor interés mediático y apoyo institucional.