Roger Federer, el ícono del tenis que dominó el US Open entre 2004 y 2008, pisó nuevamente el Arthur Ashe Stadium el martes por la noche en una exhibición que reunió a leyendas del deporte. A sus 45 años, el suizo mostró una mezcla de nerviosismo y entusiasmo mientras se preparaba para un set de individuales contra Andy Roddick y, posteriormente, un doble junto a John McEnroe contra Roddick y Andre Agassi.
Federer, ganador de 20 títulos de Grand Slam, admitió que, aunque se siente en forma y disfruta del entrenamiento en gimnasio, sus apariciones en la pista se han vuelto esporádicas. La última vez que jugó en el US Open fue en 2019, cuando una derrota ante Grigor Dimitrov en cuartos de final marcó su despedida involuntaria del torneo.
El regreso, aunque no competitivo, fue recibido con una ovación masiva. El nombre del suizo apareció en la pantalla gigante del estadio, recordando a los aficionados sus cinco triunfos consecutivos y su legado en la historia del tenis. La exhibición, sin embargo, no buscó revivir una carrera competitiva; Federer mismo bromeó sobre la necesidad de “ser respetuosos” y evitar “dejadas” entre él y Roddick.
Este evento forma parte de la gira de despedida de Federer antes de su ingreso oficial al Salón Internacional de la Fama del Tenis, programado para el sábado en Newport, Rhode Island. La ceremonia será la culminación de una trayectoria que incluyó lesiones de rodilla que obligaron al suizo a retirarse en 2022, tras una derrota ante Hubert Hurkacz en el US Open que evidenció sus limitaciones físicas.
El público, que llenó el estadio con cientos de menciones al tenista, demostró que la popularidad de Federer sigue intacta, pese a los años de ausencia. La exhibición sirvió como un emotivo cierre de su etapa competitiva y una celebración de su elegancia y contribución al deporte.