Pero en el tenis, y sobre todo en Nueva York, las historias pueden cambiar con un solo punto.
En la cancha estaban dos versiones opuestas del tenis estadounidense. Del lado uno, el experimentado Frances Tiafoe, duodécimo del ranking ATP y el jugador más querido por la afición local. Del otro, Alex Michelsen, número 46 del mundo, sin títulos en su palmarés y con una misión clara: dar el golpe más grande de su corta carrera. Hasta ese martes, el joven no había cedido un solo set en todo el certamen.
Y todo parecía seguir ese guion. Michelsen se llevó los dos primeros parciales con autoridad y, cuando el reloj marcaba el momento decisivo, quebró el servicio de su rival para colocarse 5-4 en el tercer set con la oportunidad de cerrar el partido. La victoria parecía un trámite. Pero entonces aparecieron los nervios, esos que no avisan: dos dobles faltas consecutivas del californiano le devolvieron la vida a Tiafoe en el momento más inesperado.
Ese quiebre fue el parteaguas. El originario de Maryland no solo se llevó ese set, sino que encadenó siete juegos al hilo para tomar el control absoluto del cuarto parcial. Lo que había sido una exhibición de solidez juvenil se convirtió en un partido de poder a poder, con un Tiafoe transformado, empujado por una Arthur Ashe que coreaba su apodo: “Big Foe”.
El quinto set tuvo su propio drama. Michelsen volvió a golpear primero con una ventaja de 3-0, pero esta vez ya no era suficiente. Tiafoe, con la experiencia y la fe que dan estos escenarios, otra vez remontó y llevó la decisión a un super tiebreak de 10 puntos donde la jerarquía se impuso. El marcador final, 10-6, apenas cuenta lo que ocurrió antes. Al terminar, el favorito del público corrió a abrazar a un Michelsen que se derrumbó en llanto ante la magnitud de lo que estuvo tan cerca de lograr.
La remontada tiene un eco histórico. El Abierto de Estados Unidos no veía algo así en cuartos de final desde que Roger Federer superó a Gaël Monfils en 2014. Y para Tiafoe significa además su tercera semifinal consecutiva en el torneo, después de sus apariciones en 2022 y 2024, años en los que encontró la misma pared: Carlos Alcaraz.
Justamente el español aparecía en el horizonte, aunque con una condición: primero debía resolver su cruce de cuartos de final contra Ben Shelton, también en la sesión de ese martes. La posibilidad de una revancha quedó plantada sobre la pista dura de Nueva York antes incluso de confirmarse.
La jornada dejó más preguntas que respuestas, sobre todo alrededor de Michelsen, que tendrá que digerir una derrota tan dolorosa como reveladora. Por ahora, el único hecho concreto es que Tiafoe volverá a jugar el viernes, otra vez ante su gente, con la historia llamando a su puerta.