El tatami se ha convertido en un escenario donde la tradición marcial mexicana escribe nuevos capítulos de gloria. Cada medalla conquistada en el ámbito internacional no solo suma al medallero, sino que consolida los cimientos de un proyecto deportivo que ya demostró su capacidad para codearse con la élite mundial.La delegación nacional firmó una actuación destacada en el Abierto Panamericano de Judo Santo Domingo 2026, alzándose con un total de siete preseas. El oro fue conquistado por Paulina Martínez en la categoría de menos 52 kilogramos, Robín Jara en menos 66 kilogramos y Gilberto Cardoso en menos 81 kilogramos, demostrando la profundidad del talento nacional.El podio se completó con las medallas de plata de Norma Cárdenas y Jeremy Olivares, así como los bronces obtenidos por Kassandra Espinoza, Jade Pérez y Eduardo Araujo. Estos resultados representan una inyección vital de puntos para el ranking mundial, un factor determinante en la clasificación rumbo al ciclo olímpico de Los Ángeles 2028.Este empuje continental se nutre de la inspiración dejada por Prisca Awiti, quien en París 2024 rompió paradigmas al conquistar la primera medalla olímpica en la historia del judo mexicano. Tras un camino impecable donde derrotó a subcampeonas mundiales y ganadoras del World Tour, Awiti se alzó con la plata en la categoría de menos 63 kilogramos, estableciendo un nuevo estándar de excelencia para las generaciones que hoy dominan el tatami americano.