La perseverancia y la pasión por el deporte han vuelto a dar frutos para Samantha Salas. Tras un año completo alejada de las canchas debido a un proceso de rehabilitación que incluyó tres cirugías de hombro, la raquetbolista mexicana ha regresado con fuerza para reclamar su posición como una de las mejores doblistas del país. En el Campeonato Nacional 2026, celebrado en Tijuana, Baja California, Salas conquistó los títulos de dobles femenil junto a Alexandra Herrera y de dobles mixto haciendo pareja con Rodrigo Montoya.Este doble triunfo no solo representa una victoria deportiva, sino también la obtención del boleto para representar a México en el próximo Campeonato Mundial de Raquetbol, que se llevará a cabo en Chile este mes de octubre. Para Salas, este regreso fue una catarsis emocional y física. A través de sus redes sociales, la atleta compartió su gratitud hacia sus compañeros de equipo: "Disfruté cada partido a su lado, gracias por dar todo su esfuerzo, jugar excelente y creer que volvería fuerte", escribió, destacando la química y el compromiso que lograron como trío.El camino de vuelta a la élite no fue sencillo. Salas reflexionó sobre su trayectoria, recordando que su primer título nacional lo ganó en 2005. "Aquí sigo 21 años después y con tres cirugías de hombro; la pasión por mi deporte me ha llevado a batallas difíciles, pero una vez que logro atravesarlas me saben a gloria", señaló, subrayando la garra y la lucha diaria como sus principales características.El torneo en Tijuana también marcó la ausencia de otra figura emblemática del raquetbol mexicano: Paola Longoria, quien decidió no participar tras convertirse en mamá recientemente. Este escenario permitió a Salas consolidar su liderazgo en la rama femenil y mixta, demostrando que, pese al tiempo fuera de competencia y a los retos físicos, sigue siendo una pieza fundamental para la selección nacional.Agradecida con entrenadores, directivos estatales y nacionales, así como con su familia y amigos por confiar en su proceso de recuperación, Samantha Salas cierra esta etapa de rehabilitación con el mejor resultado posible: dos medallas de oro y la confirmación de que su legado en el raquetbol mexicano está más vigente que nunca.