La última petición, presentada el 30 de octubre ante el tribunal de Manhattan, exige que el productor de la película It Ends With Us, Jamey Heath, entregue todo el material grabado de un parto en casa que supuestamente fue filmado sin la autorización adecuada. Según la documentada alegación, el contenido se habría mostrado a la actriz Blake Lively y a su asistente en el set, sin que ella pudiera impedir la exposición.
Además de las demandas de entrega, la moción incluye una orden que obligaría a Heath a entregar cada versión del clip en un plazo de tres días, además de impedir que el productor hable del mismo durante el proceso judicial si no cumple. La medida, que atraviesa la línea entre la producción y la ética profesional, se basa en una orden judicial de agosto que, según los documentos, no fue respetada.
El caso no es nuevo. En febrero, Lively ya había presentado una queja por la supuesta “pornografía” que, según ella, se mostró en el set. En su respuesta, Heath y el director Justin Baldoni denunciaron a la actriz por “una sugerencia outrage y de conocimiento falso” sobre la naturaleza del material. Este argumento, que buscaba desacreditar la acusación, fue desestimado por la corte.
Mientras tanto, la batalla legal se despliega en paralelo con el proceso de Justin Baldoni contra Lively y su esposo, Ryan Reynolds, por una demanda que supera los 400 millones de dólares. La sentencia de la juez Lewis Liman puso fin a la contraparte de Baldoni, pero el abogado del actor se ha mantenido firme en su decisión de no modificar la petición original, lo que le deja la opción de apelar en el futuro.
Para el público, el caso se traduce en una conversación sobre el consentimiento en la industria del entretenimiento, la protección de la intimidad y la responsabilidad que tiene cada profesional cuando manejan material tan sensible. La audiencia, que sigue el proceso en tiempo real, se pregunta si la justicia podrá equilibrar las expectativas artísticas con los derechos personales.
Con la fecha de juicio programada para marzo de 2026, la historia continúa desarrollándose, y cada nuevo documento que aparece en los tribunales añade otra capa de complejidad a un asunto que va más allá de la pantalla.