Olga Breeskin, la figura que pasó del glamour a la fe, recibió una llamada desde Acapulco, Guerrero, poco antes de comenzar la entrevista. En esa llamada, le informaron sobre el fallecimiento de su hermano mayor, el violinista Elías Breeskin Jr., quien había estado latente en el mundo del espectáculo durante más de una década.
Con la voz entrecortada, la artista confesó: “Acaban de encontrar el cadáver de mi único hermano. Perdón si me ves apachurrada. Es la única razón. Ya estuve orando y no es que te hable platada, es que me siento muy triste pero dicen en el espectáculo ‘el show debe continuar’ y está continuando”. Sus palabras resonaron en el estudio, mientras el presentador intentaba guiar la conversación con cautela.
Lo que sorprendió a la audiencia fue el detalle de la desconexión familiar: Olga admitió que no había tenido contacto cercano con Elías en años y que desconocía que él había formado una familia en el popular destino turístico de Guerrero. “Yo no sabía ni siquiera que tenía otra esposa. Ya se está encargando mi prima de hacer lo que hay que hacer”, explicó, mientras recordó la última vez que los vio en Santa Bárbara, California.
La vedette también reveló que Elías dejó una hija, Ana Karen, quien fue la encargada de recoger las cenizas. Aún más, durante la promoción de su próximo libro Renovada, Olga abrió un capítulo oscuro de su pasado, contando abusos que sufrió en su infancia y juventud, y cómo decidió entonces abandonar la vida de espectáculos en Estados Unidos.
Entre las anécdotas que compartió, recordaba un episodio con Luis Miguel, quien la había intentado conquistar con flores y cenas. “Me mandó un arreglo de flores muy bonito. Hablé con ‘Micky’ y me dice: ‘¿Cenamos en la noche?’ y le digo ‘No lo vas a creer, Micky, pero ¿sabes qué? Tengo show’”, comentó, añadiendo que el cantante nunca volvió a contactar con ella.
Al cerrar la entrevista, Olga Breeskin dejó el estudio con la mirada perdida, sin ofrecer más comentarios. El relato finalizó sin un cierre definitivo, dejando al público con la reflexión sobre la fragilidad de la vida y la importancia de atender los lazos que, a veces, se desvanecen sin que nos demos cuenta.