Según su relato, la madrugada del 22 de julio Ozzy la despertó y, en medio de la rutina habitual, le pidió un gesto de cercanía que, según Sharon, encapsula todo el amor que había compartido con él a lo largo de cuatro décadas: “Bésame”, susurró y luego añadió con una voz que parecía más una petición que un último adiós, “Abrázame fuerte”.
El ex vocalista, que había estado luchando contra problemas de salud durante años, había tenido una noche marcada por frecuentes visitas al baño y un intento de mantenerse activo antes de su fatal ataque al corazón. A pesar de los esfuerzos de reanimación y del traslado al hospital, Sharon fue quien supo que ya había cruzado el umbral.
En una etapa previa a su fallecimiento, Ozzy había ofrecido una última presentación con Black Sabbath en Birmingham, su ciudad natal, como tributo a su legado y a sus seguidores. En el mismo espacio de la entrevista, Sharon también reveló que el músico solía experimentar sueños con personas que nunca había conocido, describiendo cómo, en esos sueños, caminaba entre la multitud sin reconocer a nadie.
Para Sharon, las palabras finales de Ozzy no son solo un recuerdo; son un testimonio palpable de la profunda conexión que los había unido. Aunque la pérdida sigue siendo un dolor que no se desvanece, la memoria de esos momentos íntimos continúa resonando en la comunidad del rock y en el corazón de quienes lo admiraban.