Entre los seleccionados, una figura que ha capturado la imaginación de muchos es una veterana cantante que ha convertido su canto en una especie de peregrinación anual. No siempre fue conocida por su talento, sino por la historia de su devoción, que comenzó hace más de medio siglo.
María Victoria, a la que se le atribuye un pasado de embarazo y de una travesía imponente, empezó a cantarle a la Virgen de Guadalupe cuando se dio cuenta del poder de la fe en su vida. Durante su embarazo de ocho meses con la futura “Teté” (María Esther), decidió ir en peregrinación hasta la basílica, un acto que la llevó a comprometerse con la devoción diaria.
Desde entonces, cada 12 de diciembre, ella se ha presentado con una canción que rinde homenaje a la virgen, convirtiendo la fecha en un ritual que no ha sido alterado, salvo por la interrupción provocada por la pandemia. A los ojos de la comunidad, su presencia se ha vuelto un símbolo de constancia y perseverancia.
Ahora que ha alcanzado los 102 años, María Victoria se prepara para cumplir la última promesa de su devoción: estar presente en el festejo de la Guadalupana en la Basílica de La Villita. La conductora de la transmisión por Las Estrellas, Julieta Lujambio, destacó la importancia de su participación, señalando que “María Victoria está presente en el festejo de este año”.
No obstante, lo que se mostró en pantalla no fue una aparición reciente de la cantaora, sino un fragmento de una grabación realizada previamente. En ese audio, ella interpretó hace dos años la emotiva canción “Qué hermosura tan bella”, en la que su voz se funde con la fe que ha guiado su vida.
El video captura a María Victoria sentada en su silla de ruedas, de frente a la efigie de la Virgen. Aunque su mirada parece buscar en la imagen una guía, su canto sigue siendo, para muchos, un puente entre el pasado y el presente, un eco de los pasos que la hicieron cumplir cada año.
En un entorno donde la música se celebra como el lenguaje universal de la fe, la presencia de María Victoria no solo destaca por su longevidad, sino también por la constancia de una tradición que ha resistido el paso de los años y las circunstancias.