La esperada llegada de BTS a México ha desatado una batalla que trascendió las taquillas de Ticketmaster. Lo que inició como una serie de quejas ante la Profeco por fallas en el sistema y precios de reventa que superan los 100 mil pesos, ha evolucionado hacia una agresiva estrategia de contraataque diseñada por el "ARMY", la legión de seguidores de la banda surcoreana.
Ante la falta de soluciones inmediatas por parte de la boletera, grupos de fans comenzaron a identificar y exhibir a presuntos revendedores y estafadores. Sin embargo, la estrategia no se detuvo en la denuncia pública; el colectivo ha utilizado datos personales como nombres y teléfonos para realizar acciones de "represalia", tales como:
Por su parte, el ARMY —conocido mundialmente por su alto nivel de organización y activismo— también ha escalado el caso a niveles institucionales, solicitando la intervención de la Secretaría de Hacienda por posible evasión fiscal de quienes lucran con el mercado secundario.
Mientras el conflicto escala, el mensaje del colectivo es tajante: un llamado masivo a no comprar boletos fuera de los canales oficiales para asfixiar el negocio de la reventa, mientras mantienen la presión sobre las autoridades para obtener claridad en el proceso de venta.