La tragedia que rodea la partida de Julián Figueroa ha tomado un rumbo inesperado y sombrío tras las recientes declaraciones de su viuda, Imelda Garza Tuñón. En medio de una tensa disputa pública con Maribel Guardia, la joven reveló detalles hasta ahora ocultos sobre los últimos meses de vida del artista, asegurando que un implante de naltrexona —un dispositivo diseñado para combatir adicciones— tuvo efectos devastadores en su salud al no ser manejado bajo estricta supervisión médica.
Según el relato de Imelda, dos meses antes de su fallecimiento en 2023, Julián fue trasladado a Torreón por Marco Chacón, esposo de Maribel Guardia, para colocarle un "pellet" de naltrexona. Este dispositivo funciona bloqueando los receptores de placer por consumo de sustancias, pero requiere que el paciente permanezca internado para evitar complicaciones. Imelda sostiene que, pese a las advertencias del médico, Chacón se negó a dejar a Julián en rehabilitación, lo que permitió que el cantante continuara consumiendo sustancias que, al chocar con el implante, le provocaron convulsiones y una parálisis parcial del lado izquierdo del cuerpo.
La joven madre lamentó profundamente que la "compasión de madre" de Maribel Guardia y las decisiones de Marco Chacón impidieran que Julián recibiera la ayuda profesional que necesitaba en un centro especializado. "Si lo hubieran metido a rehabilitación, yo ahorita tendría esposo y mi hijo tendría un papá", afirmó con crudeza, respondiendo así a las críticas en redes sociales que intentaban responsabilizarla a ella por el deceso del joven intérprete.
Con estas declaraciones, Imelda busca limpiar su nombre y señalar lo que considera una cadena de errores que culminaron en un desenlace mortal. Mientras describe la naltrexona como una herramienta peligrosa si no se acompaña de terapia conductual y abstinencia total, la brecha familiar parece ser definitiva. Hoy, el recuerdo de Julián Figueroa queda atrapado entre el dolor de una viuda que exige respuestas y una familia que, según ella, prefirió evitar el tratamiento riguroso que pudo haberle salvado la vida.