Crecer bajo el reflector de ser el hijo de una de las actrices más queridas de México, Érika Buenfil, parecía una historia de privilegios, pero para Nicolás Buenfil, la realidad puertas adentro fue muy distinta. En una reciente charla con los medios, el joven abrió su corazón para narrar pasajes oscuros de su niñez que, hasta hace poco, había mantenido en estricto secreto, incluso para su propia madre.
Nicolás relató que durante sus primeros años sufrió abusos por parte de una de sus nanas, quien lo trataba con una disciplina militar excesiva. "Me trataba como a un soldadito, me llegaba a jalar de las orejas", confesó, explicando que en aquel entonces el silencio fue su única respuesta porque, debido a su corta edad, no lograba distinguir que ese trato no era normal. No fue sino hasta la madurez cuando el joven pudo procesar la gravedad de esos eventos y compartirlos con su familia.
A este entorno doméstico se sumó el desafío de las aulas. Nicolás enfrentó un constante "chinga quedito" en la escuela, donde sus compañeros lo señalaban por ser "diferente" o por la carrera pública de su madre. Sin embargo, su táctica ante el acoso no fue el conflicto: en lugar de lanzar golpes, decidió ganarse el respeto de sus detractores, intentando cambiar la percepción que tenían de él hasta lograr integrarse.
Más allá de los traumas del pasado, el joven también tocó el tema de sus raíces paternas. Aunque su origen como hijo de Ernesto Zedillo Jr. fue un secreto a voces durante años antes de ser confirmado, Nicolás aclaró que aún no conoce a su abuelo, el expresidente Ernesto Zedillo, aunque mantiene la puerta abierta a un encuentro en el futuro. Hoy, lejos de buscar la fama frente a las cámaras, Nicolás construye su propio camino en Televisa trabajando en la producción, respaldado por el orgullo de una madre que siempre buscó protegerlo de las tormentas mediáticas.