El cine de culto pierde a una de sus miradas más singulares con la partida de Bud Cort, quien falleció este 11 de febrero a causa de una neumonía. La noticia, confirmada por su círculo cercano, cierra el capítulo de un artista que personificó la sensibilidad y la rebeldía de una generación a través de su inolvidable interpretación en "Harold and Maude". Formado en el teatro de Nueva York y descubierto por el cineasta Robert Altman, Cort logró lo que pocos actores consiguen: convertirse en un símbolo eterno de la juventud alternativa antes de cumplir los 25 años, obteniendo nominaciones a los Globos de Oro y los premios BAFTA.
Sin embargo, el destino interrumpió su ascenso meteórico en 1979, cuando un brutal accidente automovilístico en Los Ángeles le dejó secuelas neurológicas y físicas permanentes. Tras someterse a complejas cirugías reconstructivas, el actor tuvo que reinventarse en una industria que suele ser implacable con la imagen, alejándose de los roles principales pero manteniendo su prestigio como un secundario de lujo. Su talento encontró refugio en producciones de directores como Wes Anderson y Kevin Smith, además de prestar su voz a proyectos animados, demostrando que su pasión por el arte superaba cualquier cicatriz.
Los últimos años de Cort transcurrieron en una tranquila discreción, dejando un legado que sobrevive en la memoria de los cinéfilos que aún se conmueven con su humor negro y su ternura en pantalla. Más allá de las tragedias personales, se le recordará como un virtuoso que entendió el cine como una extensión del teatro y que, pese a las dificultades, nunca abandonó el oficio que amaba. Su muerte marca el fin de una era para el cine independiente estadounidense, dejando tras de sí personajes que seguirán desafiando las convenciones sociales a través de las décadas.