En una íntima introspección, Consuelo Duval admitió que el enamoramiento suele despertar en ella una faceta que aún le cuesta controlar. La actriz confesó que, al iniciar una relación, tiende a caer en un ciclo de dependencia donde su estado de ánimo queda supeditado a la atención de su pareja, como una llamada o un mensaje de texto. Esta vulnerabilidad, según explica, fue el caldo de cultivo para conductas que hoy califica como "tóxicas", llegando incluso a experimentar episodios de celotipia derivados de un profundo miedo al abandono y a la soledad.
Esta fragilidad emocional no es fortuita, sino que hunde sus raíces en una historia personal marcada por la ausencia. Duval recordó cómo tuvo que sacar adelante a sus hijos en solitario después de que el padre de estos se marchara cuando eran apenas unos niños. Esa experiencia de crianza sin apoyo reforzó una sensación de riesgo constante que, en sus palabras, los perfiles narcisistas saben detectar y manipular con precisión. Para sanar estas heridas, la intérprete ha recurrido al acompañamiento de psiquiatras y psicólogos, un proceso de autoconocimiento que describe como difícil pero necesario para identificar aquellas partes de su personalidad que le desagradan.
A pesar de las decepciones y del arduo camino terapéutico, Consuelo no ha cerrado las puertas al amor, aunque ahora lo encara con una madurez distinta. Reconoce que el trabajo en su seguridad personal es una tarea continua y que aún debe aprender a gestionar las emociones intensas que le provoca el romance. Al compartir su testimonio, la actriz busca desmitificar la figura de la mujer invulnerable, demostrando que incluso detrás de la risa y el éxito profesional, existe un proceso humano de reconstrucción y búsqueda de equilibrio emocional.