Corea del Sur se prepara para lo que ya se denomina el "Regreso del Rey". Tras casi cuatro años de ausencia, BTS volverá a los escenarios el próximo 21 de marzo con un espectáculo masivo en el corazón de Seúl. La magnitud de la convocatoria, que estima reunir a 260 mil asistentes en la emblemática Plaza Gwanghwamun, ha encendido las alarmas de la Policía Metropolitana. Para gestionar esta marea humana, el jefe de seguridad Park Jeong-bo anunció una estrategia de segmentación por zonas térmicas según la densidad de gente, dividiendo el espacio en áreas "Núcleo", "Caliente", "Tibia" y "Fría". El despliegue no solo busca el orden público, sino que incluye comandos antiterroristas y equipos especializados en delitos violentos para blindar cada rincón de la zona histórica.
La logística del evento "BTS Comeback Live: ARIRANG" promete ser una experiencia cultural única, aunque representa un reto de transporte monumental. Las autoridades planean que los integrantes del grupo desfilen por la "Calle del Rey", conectando el Palacio Gyeongbokgung con el escenario principal en un recorrido ceremonial que resalta el patrimonio coreano. Sin embargo, para los ciudadanos comunes, la movilidad será compleja: la estación de metro Gwanghwamun podría quedar inhabilitada si se supera el aforo permitido y las rutas de autobuses sufrirán desvíos masivos. Este operativo de transporte busca mitigar el impacto de un show que será transmitido globalmente por Netflix, pero que transformará por completo el ritmo de la capital.
A pesar de los esfuerzos oficiales, el evento no está exento de controversias económicas. Las críticas hacia el gobierno han aumentado debido al disparo en los precios del alojamiento en los alrededores de la plaza. Aunque se prometieron inspecciones para evitar abusos, los reportes indican que la mayoría de los hoteles ya están al máximo de su capacidad y las pocas habitaciones disponibles han alcanzado costos de hasta un millón de wones por noche. Esta situación sugiere que las medidas de control llegaron cuando el mercado ya se había saturado, dejando a miles de seguidores nacionales e internacionales enfrentando precios exorbitantes para ser testigos del retorno más esperado del pop coreano.