Lo que debía ser una noche de celebración para el Real Madrid se transformó en un escenario de tensión y reclamos al minuto 49 del partido de ida por la eliminatoria previa a octavos de final. Segundos después de anotar un gol clave, Vinícius Júnior acudió al árbitro Davide Massa para denunciar que el argentino Gianluca Prestianni le dirigió insultos racistas de forma reiterada. La acusación provocó la interrupción inmediata del juego y el despliegue del protocolo oficial contra la discriminación, sumergiendo al estadio portugués en una atmósfera de indignación que unió a los jugadores merengues en una protesta colectiva sobre el césped.
Durante el parón, figuras como Kylian Mbappé respaldaron la versión de su compañero, señalando que los ataques verbales fueron directos y constantes, mientras el cuerpo técnico encabezado por Álvaro Arbeloa exigía medidas contundentes. Pese a la falta de pruebas gráficas inmediatas debido a que el agresor se cubrió la boca al hablar, la agitación fue tal que incluso se contempló el abandono del campo por parte del equipo visitante. Tras intensas conversaciones que involucraron a capitanes y entrenadores, el balón volvió a rodar cerca del minuto 60, dejando un ambiente amargo en una victoria que quedó totalmente eclipsada por el renovado debate sobre la urgencia de erradicar el racismo en el fútbol europeo.