La noche del 17 de febrero, la pantalla chica volvió a encenderse con el regreso de Sergio Mayer a los formatos de telerrealidad. Tras pausar formalmente sus responsabilidades como diputado federal y sus estudios de doctorado, el polémico estratega cruzó el umbral de La Casa de los Famosos con una advertencia clara: el tigre está de vuelta. Desde su entrada, el exintegrante del Team Infierno dejó atrás el traje legislativo para retomar su faceta de competidor, presentándose ante sus nuevos compañeros con el tono firme y la seguridad que lo caracterizaron en ediciones anteriores, marcando de inmediato el ritmo de lo que será su estancia en el programa.
Su llegada a la producción de Telemundo no solo representa un movimiento mediático, sino una apuesta personal por dominar el entretenimiento televisivo una vez más. Mayer enfatizó que su prioridad será el juego estratégico y la generación de contenido para la audiencia, aclarando que, aunque no busca el conflicto personal, está plenamente preparado para la confrontación si la dinámica de la competencia lo exige. Con su suplente ya asumiendo funciones en San Lázaro, el ahora participante se enfoca en replicar el fenómeno social que lideró en México, decidido a demostrar que su capacidad de influencia trasciende la política y se fortalece bajo el aislamiento de las cámaras.