La reciente agitación violenta que sacudió a 20 estados de México, tras el operativo en Tapalpa donde se localizó al líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, ha trascendido el ámbito policial para instalarse en la conversación artística. David Velasco, la voz principal de la banda Porter, utilizó sus plataformas digitales para lanzar una crítica frontal contra los géneros musicales que, a su juicio, han normalizado la criminalidad. Con una reflexión que vincula directamente lo que se escucha con la realidad social, el músico señaló que la glorificación del poder y la violencia en las canciones termina por educar a las audiencias y manifestarse trágicamente en el entorno cotidiano.
Esta postura encontró un eco inmediato en figuras como Siddhartha, quien expandió la crítica hacia otros productos de entretenimiento como el cine, las series y los videojuegos, sugiriendo que la industria del ocio ha transformado el dolor en un consumo recreativo. Velasco enfatizó que el miedo que hoy paraliza a diversas regiones del país es la consecuencia directa de una narrativa que ayer se celebraba como diversión. El debate surge en un momento de alta sensibilidad, donde los bloqueos y tiroteos han afectado tanto a ciudadanos comunes como a otros artistas que quedaron atrapados en las carreteras por los disturbios.
Sin embargo, el planteamiento del cantante de Porter no estuvo exento de cuestionamientos por parte de su audiencia, quienes argumentan que la música es un síntoma y no la causa raíz de la descomposición social. Diversos usuarios defendieron que el consumo de contenidos explícitos no conduce necesariamente a actos violentos, comparando la situación con géneros extremos como el metal que no incitan al crimen per se. En este complejo escenario, la discusión sobre si el arte debe ser un espejo o un guía moral para la sociedad mexicana sigue abierta, evidenciando la fractura entre quienes exigen responsabilidad creativa y quienes piden no simplificar un problema estructural.